Durante el último foro del gremio turístico organizado por ARCOVIA, realizado el pasado 12 de junio en el Hotel Hilton de Lima, la inteligencia artificial fue uno de los temas más recurrentes de la jornada. De hecho, el término se mencionó más de 50 veces a lo largo de las diferentes exposiciones y paneles.
Resulta impresionante observar cómo la inteligencia artificial está transformando no solo la manera de operar los negocios, sino también la forma en que concebimos el futuro de las industrias. El turismo, por supuesto, no es ajeno a esta realidad.
Uno de los momentos que más llamó la atención de los asistentes ocurrió cuando el primer expositor inició su presentación mostrando una fotografía de hace diez años: la cabina de un avión operando sin pilotos. Se trataba de una referencia a uno de los primeros vuelos gestionados íntegramente con apoyo de inteligencia artificial. Hoy, los avances tecnológicos han llevado a que muchas funciones dentro de las aeronaves modernas estén altamente automatizadas, reduciendo significativamente la intervención humana en determinadas operaciones.
A lo largo del evento se abordaron múltiples aplicaciones de la inteligencia artificial: gestión comercial, administración de riesgos, programas de duty of care, aeropuertos inteligentes y optimización de la experiencia del pasajero. Desde los procesos migratorios hasta los servicios de lounges dentro de los aeropuertos, la tecnología está redefiniendo cada etapa del viaje.
Sin embargo, el debate más apasionado surgió alrededor de los cambios tecnológicos en los procesos de cotización, distribución y compra de servicios turísticos. Las distintas posiciones dejaron entrever que la resistencia al cambio sigue siendo uno de los principales factores que condicionan la adopción de nuevas herramientas. Después de todo, se trata de replantear prácticas y modelos de negocio que han permanecido prácticamente inalterables durante más de dos décadas.
Lo que sí quedó claro es que la tecnología —y especialmente la inteligencia artificial— avanza a un ritmo exponencial. En este contexto, herramientas como NDC (New Distribution Capability) continúan generando opiniones divididas. Se trata de una tecnología en constante evolución, lejos de ser perfecta, pero con el potencial de transformar radicalmente la forma en que se comercializan los servicios de viaje.
La pregunta surge de manera natural: ¿cuánto tiempo falta para que este cambio deje de ser una opción y se convierta en una necesidad inevitable?